Para los que trabajan o pasan a diario por la tienda Apple de la Quinta Avenida no ha sido un día más.
Periodistas y curiosos se han dado cita por los alrededores desde primera hora.
Y es que desde que se conociera la noticia del fallecimiento del cofundador de la compañía han sido muchos los que han querido dejar un pequeño recuerdo en su memoria.
Flores, velas, ...
...dibujos, globos...
...y, cómo no, muchas unidades del símbolo que distingue a sus productos... la manzana.
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jueves, 6 de octubre de 2011
miércoles, 15 de junio de 2011
Museum Mile Festival
Este martes, de 6 de la tarde a 9 de la noche, varios museos neoyorquinos han abierto sus puertas de forma gratuita, programando actividades especiales para la ocasión.
Son los que se encuentran en lo que se conoce como Milla de los Museos, un tramo de la Quinta Avenida que abarca desde el Museo del Barrio (a la altura de la calle 104, en la zona hispana de Harlem) hasta el gigantesco Metropolitan (que abarca desde las calles 82 a la 86).
Entre medias había otros enclaves interesantes, como el Museo de la Ciudad...
... el Museo Judío...
... la mansión que alberga el Museo Nacional del Diseño "Cooper-Hewitt"...
... o el Museo Guggenheim.
Sin tráfico rodado, la calzada se convertía en improvisado lienzo para pintar con tizas de colores y tener a los niños entretenidos.
Otros se sumaban a la fiesta bailando...
O tocando, había actuaciones de lo más variopinto, dentro y fuera de los museos.
Esta última tenía algo de hipnótico, era difícil no dejarse atrapar por el soniquete.
Son los que se encuentran en lo que se conoce como Milla de los Museos, un tramo de la Quinta Avenida que abarca desde el Museo del Barrio (a la altura de la calle 104, en la zona hispana de Harlem) hasta el gigantesco Metropolitan (que abarca desde las calles 82 a la 86).
Entre medias había otros enclaves interesantes, como el Museo de la Ciudad...
... el Museo Judío...
... la mansión que alberga el Museo Nacional del Diseño "Cooper-Hewitt"...
... o el Museo Guggenheim.
Sin tráfico rodado, la calzada se convertía en improvisado lienzo para pintar con tizas de colores y tener a los niños entretenidos.
Otros se sumaban a la fiesta bailando...
O tocando, había actuaciones de lo más variopinto, dentro y fuera de los museos.
Esta última tenía algo de hipnótico, era difícil no dejarse atrapar por el soniquete.
miércoles, 27 de abril de 2011
Barack
Cuando el conductor del autobús avisó que tenía que desviarse de su ruta habitual, en medio de un fenomenal atasco, nada parecía fuera de lo normal. Pero el dispositivo montado unos metros más adelante me animó a bajar y vislumbrar más de cerca lo que ocurría.
Fue entonces cuando recordé que ya me habían advertido de algo notorio: hoy había visita presidencial en la Gran Manzana. Efectivamente. Lo que tenía delante mío era toda la parafernalia de la seguridad y séquito que rodea a Barack Obama.
La escena transcurría en la Quinta Avenida, a la altura de la calle 77, frente al borde este de Central Park.
La presencia de policías resultaba abrumadora, no sólo en este punto, sino a lo largo de varias calles más en sentido sur que se encontraban valladas a ambos lados, como comprobé unos minutos después.
Habían cortado el tráfico y el paso de peatones en más de dos manzanas, con el consiguiente cabreo de los vecinos que vivían en los bloques que quedaban justo en medio, que no podían acceder a sus viviendas e intentaban sin éxito convencer a los agentes para que les dejaran pasar.
Y no, a pesar de estar más cerca que nunca, al final no vi a Obama. La espera se antojaba demasiado larga y no podía quedarme mucho tiempo más.
Así que, presidente, habrá que revisar de nuevo nuestras agendas para volver a coincidir otro día.
O le devuelvo visita yo a Washington, que tampoco me importa.
Fue entonces cuando recordé que ya me habían advertido de algo notorio: hoy había visita presidencial en la Gran Manzana. Efectivamente. Lo que tenía delante mío era toda la parafernalia de la seguridad y séquito que rodea a Barack Obama.
La escena transcurría en la Quinta Avenida, a la altura de la calle 77, frente al borde este de Central Park.
La presencia de policías resultaba abrumadora, no sólo en este punto, sino a lo largo de varias calles más en sentido sur que se encontraban valladas a ambos lados, como comprobé unos minutos después.
Habían cortado el tráfico y el paso de peatones en más de dos manzanas, con el consiguiente cabreo de los vecinos que vivían en los bloques que quedaban justo en medio, que no podían acceder a sus viviendas e intentaban sin éxito convencer a los agentes para que les dejaran pasar.
Y no, a pesar de estar más cerca que nunca, al final no vi a Obama. La espera se antojaba demasiado larga y no podía quedarme mucho tiempo más.
Así que, presidente, habrá que revisar de nuevo nuestras agendas para volver a coincidir otro día.
O le devuelvo visita yo a Washington, que tampoco me importa.
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